Blog, Constelaciones Familiares Luis Dorrego - 30/10/2014

¡Quiero Vivir! El origen emocional de las enfermedades.

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Quiero Vivir. El origen emocional de las enfermedades.

En los talleres de Constelaciones Familiares que facilito en ocasiones acuden personas que tienen enfermedades graves, tales como el cáncer, y no dejo de maravillarme con sus actitudes ante la enfermedad y sus fidelidades inconscientes.

Un caso reciente: El marido después de quince años de asistir a la degradación de su esposa alcohólica, comienza a desarrollar un cáncer de estómago y fallece. La mujer “bebía para olvidar ” la muerte de su madre cuando era una niña, y la seguía a la tumba con su adicción. El marido no pudo digerir tanto dolor de su compañera y “decidió dejarse ir”.

Bert Hellinger escribió: Te diré algo sobre las enfermedades: a veces son mensajeros del amor. En la familia enfermamos porque en las familias actúan destinos que implican, influyen y afectan a todos sus miembros.

El amor en la familia tanto enferma como sana. Así, cuando un hijo ve como uno de los padres desea morir, el hijo dice “yo lo haré por ti papá/mamá”,  y toma su lugar por ese amor… ciego.Quiero Vivir. El origen emocional de las enfermedades.

Por supuesto que no podemos generalizar, sin embargo ya no dudamos del origen emocional de las enfermedades, de cómo un conflicto psicológico atenta a la biología de nuestro cuerpo.

Lo que consigue Hellinger es identificar  el origen de ese malestar.

El origen de esos bloqueos en el destino familiar, que puede conducirnos a la muerte.

Estos se pueden resumir en tres:

1.- Cuando uno de los padres fallece teniendo hijos en edades tempranas, estos sienten cierta atracción hacia  la muerte. Desean morir de una forma inconsciente.

2.- El sentimiento de culpa por algún hecho trágico propio o de nuestros ancestros. O secretos de familia que han sido “legados” a los descendientes de varias generaciones.

3.- Tomar el lugar de los padres si estos se encuentran con un deseo de partir de la vida. Los hijos deciden inconscientemente tomar su lugar.

Constelaciones Familiares no supone ningún lugar de tratamiento de la enfermedad y si que es un lugar de sanación ya que nos obliga a tomar una actitud clara ante la Vida. La radiografía de una constelación nos hace ver si existen personas que enferman porque no son queridas, en palabras de Hellinger.

Y en ocasiones, lo más impactante que se observa en una constelación es que, la enfermedad es una amiga y no enemiga.

Y para ello me gustaría relatar una de ellas brevemente:

Un hombre, pongamos J.,  comienza contando que tiene muchos bloqueos y al principio no quiere constelar el primer día del taller.

Luego cambia de opinión y comienza la constelación diciendo que su objetivo es que le gustaría vivir de su trabajo, a lo que le pregunto: Y ¿cuál es tu trabajo? J. responde que no sabe y, entonces algo confundido le digo: Pero tú estabas diciendo que querías vivir de tu trabajo ¿no?.

Entonces el  cliente hace una pausa y dice: Es que no sé si quiero vivir.

Entonces le pido que elija a alguien que represente en la constelación a él, otra persona a la Vida y una tercera a su Enfermedad. Y es entonces cuando da comienzo el maravilloso movimiento de las fuerzas ocultas que nos atan.

La representante de la  Enfermedad quiere ayudarle a reencontrarse con la Vida durante todo el tiempo. En palabras de esta representante: En un momento dado, el representante de J. agacha la cabeza como si se encogiera y siento la necesidad de tocarle en el hombro o en un brazo. […] Frente a la Vida y la Enfermedad, él sólo mira a la vida pero como llorando.

Yo permanezco a la espera. 

[…]No pasa nada durante un tiempo, pero la Vida toma la iniciativa y se acerca a él e intenta atraerlo hacia sí. […] Siento como si me perteneciera y sólo lo dejaré ir si es él quien toma la decisión de acercarse.

Sigo esperando, pero llega un momento en que, mirándole, me impaciento y siento la necesidad de ponerme tras de él y darle un empujoncito en la espalda para que avance. Lo hago, pero se resiste. Le tomo de la mano para que avance conmigo y también se resiste. Me vuelvo a separar.[…] Entonces me pongo al lado de la Vida para ver si así avanzan, pero tampoco.

Siento impaciencia; tiene que acercarse porque yo allí ya no pinto nada. Le extiendo la mano y me la da, muy sonriente, yo también sonrío, ya sin impaciencia y le extiendo la mano.

Siento que está en mis manos y que ahora sí va a ser fácil ponerlo en manos de la Vida. La Vida acerca su mano, pero son ellos los que se tienen que acercar.

Retiro unos centímetros las manos y la Vida también se repliega y espera y es en ese momento en el que deposito sus manos en las de ella. 

Es que no sé si quiero vivir.

En la ronda final del taller nuestro cliente, con problemas de cáncer, dice en público: ¡Quiero vivir!

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