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«El pasado no es tanto una historia de lo que sucedió, sino más bien, los trozos no digeridos del ayer, que interrumpen el flujo de la voluntad y de la fuerza vital en el presente». Thomas Hübl

 

Todos llevamos nuestras batallas, más o menos traumáticas, pero ¿qué sucede cuando esas batallas son compartidas por una colectividad? El trauma social, ese dolor que reside en el corazón de una sociedad, es una realidad palpable. Aunque muchos crean  que el tiempo lo supera todo, lo que sucede por debajo, inconscientemente, es que se repite la historia y vamos acumulando más y más traumas colectivos. Algunos buscamos respuestas, y figuras como Thomas Hübl y Jan Jacob Stam nos ofrecen perspectivas y herramientas que nos permiten avanzar en el camino de la sanación colectiva.

Si alguna vez has sentido la presencia interna de un dolor común, como sociedad, como grupo, como humanidad…, este artículo quizá te guíe hacia un camino de sanación compartida.

La historia humana está impregnada de momentos trágicos y concluyentes, definitorios, y no todos son luminosos. Ase acaba de estrenar un film que nos habla del comienzo de un cambio de paradigma en el pensamiento humano: Nos podemos destruir completamente a nosotros mismos con un botón que active la guerra nuclear. Oppenheimer, hizo fácil este camino.

Si has visto la película ¿te has puesto a pensar en qué futuro nos puede deparar este avance científico? Las imágenes del planeta ardiendo ¿te han llevado a algún lugar, a alguna reflexión?

Y …¿sientes que eso te impacta a ti como ser individual ?

Toda herida colectiva queda en las siguientes generaciones en forma de trauma, si este no es sanado. Y tanto el holocausto, como las bombas atómicas en Japón, como la Guerra Civil Española o el COVID son traumas colectivos.

A veces, como sociedad, nos enfrentamos a situaciones que nos marcan profundamente, creando cicatrices colectivas que nos recuerdan constantemente el dolor pasado. Estoy hablando del trauma social, un tema que cada vez cobra más relevancia en nuestros tiempos.

¿Te has sentido alguna vez afectado por eventos que no viviste directamente? ¿Alguna guerra no vivida, algún hecho como el terrorismo o una pandemia se encuentran incrustados en el fondo de tu corazón? ¿Crees que eso es algo que se pasa «con el tiempo»?

En nuestra travesía colectiva, como humanidad o como nación, nos hemos enfrentado a situaciones que han dejado en cicatrices el tejido social.  Esta es la esencia del trauma social. La sociedad en un sistema vivo y como tal experimenta los vaivenes de la historia. Las heridas que hemos soportado juntos, ya sean recientes o ancestrales, tienen un peso en nuestra conciencia colectiva. Estos traumas sociales, a menudo escondidos o minimizados, requieren atención y sanación

Tanto Thomas Hübl y Jan Jacob Stam, desde diferentes lugares, no solo han identificado estos fenómenos, sino que nos ofrecen perspectivas para enfrentarlo y sanarlo.

Definición de trauma

El trauma puede definirse como una respuesta a un acontecimiento o serie de acontecimientos que supera la capacidad del individuo para manejar o integrar las emociones asociadas. Esta respuesta puede ser física, emocional o psicológica y puede manifestarse de diversas maneras, desde síntomas físicos hasta problemas de comportamiento, emocionales o cognitivos.

 

«Trauma es cualquier acontecimiento o experiencia continua que ejerce un efecto significativo en la parte animal del cerebro relacionada con la supervivencia. Cuando se produce un trauma, nuestras señales automáticas de peligro, instaladas en nuestro cerebro subcortical, se alteran y nos volvemos hiper o hiporactivos: nos excitamos o nos anestesiamos», según el Dr. Bessel van del Kolk, autor de El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma.

Cuando los sucesos no pueden ser digeridos, toma el mando de nuestro ser nuestro cerebro primitivo y , como dice Gabor Mate: «trauma no es una enfermedad sino una experiencia humana enraizada en los instintos de supervivencia. El trauma es un hecho de vida, no un «hecho de por vida». Es nuestro sufrimiento pero también nuestra salvación.»

El cómo vivimos estas experiencias que nos sobrepasan nos modifica el sistema nervioso central. Sobre todo, alterando u  olvidando los recuerdos o volviéndonos reactivos ante estímulos (disparadores) que nos recuerden o lleven de alguna forma a la experiencia traumática.

Alta la falta de protección, cuidado o amparo que se sufrió en la experiencia, cabe considerar que la validación de las mismas tienen la capacidad  de curar el trauma. La sensación de seguridad es esencial para que una persona traumatizada comience el proceso de curación. Esto puede incluir refugios seguros para quienes, por ejemplo, hayan experimentado violencia doméstica, además de espacios de terapia grupal para sobrevivientes de traumas específicos, o incluso programas comunitarios que promuevan ambientes de respeto y empatía.

Validar y legitimar las experiencias de las víctimas es fundamental. A menudo, las personas traumatizadas sienten que sus experiencias son minimizadas o invalidadas por la sociedad. Reconocer y validar el trauma de alguien es un paso crucial hacia su curación. Esto puede manifestarse a través de sistemas legales que toman en serio las denuncias de abuso, campañas de concientización que dan voz a las experiencias de las víctimas y un discurso público que evite victimizar o culpar a las personas traumatizadas.

Y hay que tener en cuenta , sobre todo, que cada individuo y cada trauma es único, por lo que es esencial adoptar un enfoque adaptativo y centrado en la persona cuando se busca promover la curación. La sociedad en su conjunto puede desempeñar un papel vital al brindar el soporte y los recursos necesarios para este proceso, junto a una buena terapia de trauma.

El trauma no es una enfermedad mental, es una herida del alma. Bessel van der Kolk

 

Trauma y Conflicto Social

Ahora bien, ¿existe el trauma social? Según Thomas Hübl, el trauma transgeneracional se refiere a los efectos de un trauma grave y no tratado que ha sido experimentado por uno o más miembros de una familia, grupo o comunidad y que se ha transmitido de una generación a otra a través de de factores epigenéticos.

El trauma social se refiere a las heridas psicológicas que se infieren en grandes grupos o sociedades debido a eventos devastadores. Aunque estas heridas pueden no ser evidentes en la superficie, continúan afectando a generaciones futuras en formas sutiles y complejas.

El trauma social es como un fantasma que habita en las calles, las casas y las conversaciones diarias. Es una entidad abstracta, una energía que se manifiesta en forma de miedos, prejuicios, tensiones y conflictos. Estas cicatrices colectivas provienen de eventos pasados, como guerras, desastres naturales, persecuciones, entre otros. Por ejemplo, hay personas que en España tienen miedo a hablar de la Guerra Civil  o de otras situaciones de peligro donde vivieron el miedo a morir;  este «trauma» es transmitido a las posteriores generaciones.

Al experimentarse colectivamente, este tipo de trauma no sólo afecta a los individuos directamente involucrados, sino que también tiene un efecto duradero en las generaciones futuras, y puede manifestarse en desconfianza, miedo y conflicto dentro de una comunidad o entre diferentes grupos sociales. Por ejemplo, los diferentes tipos de discriminación pueden llevan a un movimiento de masas donde aparezca el linchamiento u otro tipo de conducta proveniente de esos traumas colectivos.

El trauma social es más que una definición; es la sombra que se cierne sobre sociedades enteras después de enfrentar adversidades monumentales como guerras, desastres naturales o represiones sistemáticas. Este trauma, insisto, aunque no haya sido experimentado directamente por todos, tiene una manera persistente de influir en generaciones sucesivas, alterando comportamientos, creencias y relaciones.

Nuestros antepasados, los eventos que vivieron y las emociones que sintieron, dejaron una huella. Esta huella se convierte en lo que llamamos memoria colectiva. Aunque no hayamos vivido un evento traumático directamente, podemos sentir sus ecos a través de las historias, tradiciones y comportamientos transmitidos.

El trauma social no es más que ese dolor que llevamos como sociedad.

 

«Cuando se ha arrancado de sus hogares y sus tierras a personas que pertenecen a una determinada cultura, tradición o ideología, cuando se ha profanado o negado sus bilbliotecas, lugares de enterramiento, centros religiosos o lugares sagrados, cuando se han prohibido vetado u olvidado su lengua, sus rituales o sus costumbres, cuando se las ha separado, humillado, maltratado, toturado o asesinado, una herida traumática escinde la psique colectiva -dejando marcado tanto al agresor como a la víctima-, y se cargará con ella y se transmitirá durante múltiples generaciones», escribe Thomas Hübl en Sanar el trauma colectivo.

Ya sea por guerras, discriminaciones, o desastres, es una herida que, aunque muchos no lo hayamos vivido en primera persona, afecta la forma en la que nos relacionamos y vemos el mundo. Es como si el recuerdo colectivo nos siguiera susurrando al oído, recordándonos esos tiempos oscuros.

Ningún trauma existe en aislamiento. Un trauma personal puede tener raíces en un trauma social, y viceversa. Esta red intrincada de heridas interconectadas requiere un enfoque holístico y multifacético para la sanación.

Thomas Hübl: La Sanación a través de la Consciencia

 Thomas Hübl ha sido un pionero en destacar cómo el trauma, especialmente el de tipo colectivo, se manifiesta en sociedades, y es conocido por su enfoque en la integración del trauma colectivo y personal. La clave, según él, reside en «presenciar» y reconocer plenamente este trauma. Es a través de este reconocimiento profundo y consciente como se inicia el proceso de sanación.

Para este místico moderno, la sociedad que vivimos está traumatizada y lo podemos comprobar a través de nuestra visión dispar y distorsionada de la misma: «Muchos de nosotros nos sentimos descorporizados, separados de nuestras raíces colectivas. Ya no sentimos a nuestros antepasados y nos resulta difícil estar presentes y conectar con los demás. A menudo llevamos vidas insostenibles en sociedades que tampoco se pueden sostener. Estamos cerrados a la presencia del futuro». (Op. cit.)

Es fácil imaginar que el efecto traumático en un colectivo, en los sistemas nerviosos fracturados de una generación, por ejemplo, se descargue en generaciones siguientes a través de lo epigenetico: «El sistema nervioso de la siguiente generación nace y se cria dentro de ese campo que es invisible; sus efectos y estructuras se incorporan y se consideran «normales».».(Op. cit.)

Hübl sostiene que el trauma colectivo, en particular, se manifiesta en las sociedades de maneras invisibles pero palpables. Puede afectar la capacidad de las comunidades para prosperar y conectarse. Lo que necesitamos para conseguir la curación requerida por la sociedad es un reconocimiento colectivo y un trabajo conjunto.

Asimismo, considera esencial la capacidad de estar presente y consciente de las emociones y sensaciones que surgen. A través de este «presenciar», un individuo puede comenzar a desenmarañar y liberar el trauma que ha sido almacenado. Considera que la atención plena y la conciencia son fundamentales para reconocer y sanar estos traumas. Sostiene que, al «presenciar» preventivamente nuestras heridas y las heridas de nuestra sociedad, podemos iniciar un proceso de sanación.

La perspectiva de Jan Jacob Stam

Jan Jacob Stam es ampliamente conocido por su trabajo en constelaciones familiares y  organizacionales. Aunque el enfoque principal de las constelaciones familiares, desarrollado por Bert Hellinger, es sanar traumas y patrones transgeneracionales, Jan Jacob Stam, junto a otros, ha extendido este enfoque a las organizaciones y sistemas sociales.

Sanar el trauma social transgeneracional, según el enfoque de las constelaciones sistémicas, implica mirar los eventos, las decisiones y las personas que han sido excluidas u «olvidadas» por un sistema familiar o social y encontrar maneras de reintegrarlos o de reconocerlos, de darles su lugar en el sistema y de compensar lo ocurrido, con el fin de que el sistema pueda encontrar un equilibrio.

En su visión, el trauma social puede ser el resultado de dinámicas no resueltas que se pasan de una generación a otra. Las constelaciones permiten visualizar y resolver estos problemas a nivel sistémico, reconociendo que todos estamos conectados dentro de un sistema más amplio.

 

Stam utiliza las constelaciones para identificar y desplazar patrones profundamente arraigados que perpetúan el trauma. A través de este trabajo, los individuos y grupos pueden ver y solucionar las dinámicas invisibles que fundamentan los conflictos y perpetúan el dolor. Lo que se pretende es buscar,  identificar y resolver dinámicas traumáticas que pueden haberse transmitido a través de generaciones. A través de esta lente, el trauma social se ve no solo como un evento singular, sino como un patrón que se repite y que puede ser abordado y sanado.

 

¿Te habías preguntado alguna vez esto? ¿Reconoces los patrones que se repiten en tu vida transgeneracionalmente? Recuerda que son inconscientes y que estos pueden ir desde un hábito familiar, colectivo, nacional, o incluso, una enfermedad.

 

Terapia Grupal: Un Camino Hacia la Sanación

El amor y la aceptación incondicional son las claves para sanar y estar sanos. Gabor Maté

 

La buena noticia es que no estamos solos en esta travesía. La terapia grupal ofrece un espacio seguro y de apoyo mutuo donde los individuos pueden compartir, reflejar y sanar juntos. Al enfrentar el trauma en colectivo se multiplican las posibilidades de curación y de comprensión.

Con base en las ideas de Hübl y Stam, te quiero presentar algunos pasos para sanar el trauma social transgeneracional según sus enseñanzas:

  1. Reconocer el Trauma: Antes de que cualquier sanación pueda tener lugar, el trauma o el evento que causó el trauma debe ser reconocido. Esto podría ser el reconocimiento de una injusticia social, una guerra, un evento histórico, etc.
  2. Aceptación: Es esencial que aceptemos lo que ha sucedido en el pasado en lugar de negarlo o huir de él. A través de la aceptación, se puede empezar a procesar y sanar el trauma. Aquí incluyo la reflexión sobre perpetradores y víctimas, sobre la moral social y personal, que muchas veces nos llevan a polarizarnos.
  3. Posibilidad de efectuar una Constelación Social: Las Constelaciones Sociales pueden revelar cómo eventos traumáticos, como guerras o desastres naturales, han dejado cicatrices en el inconsciente colectivo de una sociedad. En un taller de constelaciones, un «cliente» presentaría un problema o preocupación, y otros participantes serían seleccionados como representantes para  elementos del problema. Estos representantes serán los encargados de revelar ese inconsciente  colectivo que se esté tratando. Al abordar estos traumas en el nivel del sistema, podemos promover una sanación más profunda y duradera.
  4. Restablecer el Orden: A menudo, el trauma o la ruptura en el sistema se debe a un desequilibrio, o a alguien o algo que ha sido olvidado. Restablecer el orden puede implicar reconocer a alguien que ha sido excluido, devolverlo  a su lugar correcto, o incluso honrar a alguien que ha sido excluido. En estos contextos suele aparecer la falta del reconocimiento a una de las partes, dentro del conflicto entre perpetradores y víctimas, .
  5. Representar Soluciones dentro de la Constelación: Una vez que se ha identificado el problema y se ha restablecido el orden, los representantes a menudo se sienten impulsados a moverse o actuar de ciertas maneras que representan soluciones al problema o al trauma. Esta «resolución» puede ser simbólica pero puede indicar un camino hacia la sanación. O incluso, el facilitador, puede proponer algún camino diferente y comprobar si es válido.
  6. Nuevo debate: Las Constelaciones Sociales (como ya he escrito en alguna ocasión) no proponen soluciones , sino un nuevo camino desconocido hasta ahora, nuevas preguntas que puedan implicar una sanación colectiva.

Las constelaciones familiares ofrecen una perspectiva única sobre cómo las heridas del pasado colectivo continúan afectando a las sociedades modernas. Al abordar y sanar estos traumas en el nivel del sistema, podemos promover una sanación más profunda y duradera.

 

La verdadera curación no es solo el alivio de los síntomas, sino la comprensión y la integración de la experiencia.Gabor Maté.

 

El trauma colectivo requiere una respuesta colectiva y es por ello que he comenzado a trabajar en un taller de Sanación del Trauma Colectivo.

 

Si deseas más informacion y sientes que quieres participar de este movimiento sanador, puedes ponerte en contacto conmigo: indo@luisdorrego.com y +34 646267621

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