Blog, Coaching y Formación Luis Dorrego - 03/03/2015

¿Por qué hablo tan mal en público?

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Lo hice del mismo modo en que aprendí a patinar: quedando en ridículo una y otra vez hasta que me acostumbré a hacerlo. George Bernard Shaw, hablando de cómo aprendió a pronunciar discursos.

¿Por qué hablo tan mal en público?

El pasado mes, el periódico El Pais, publicó un artículo en las paginas de Economía titulado “¿Por qué hablo tan mal en público?” donde se resalta este hecho y nos brinda siete claves para “hablar bien en público”.

Lástima que en ninguna de ellas se mencione la importancia que tienen las emociones y el cuerpo a la hora de desarrollar y aprender esta habilidad.

El articulista destaca el hecho de la fatal ausencia de formación en este sentido y nombra a ciertas universidades y escuelas que están ocupadas dando formación sobre el tema. Lo más desmoralizante es que todos ellos vuelven a hablar de métodos clásicos para conseguir el éxito en la comunicación pública, y vuelven a la oratoria como técnica comunicativa. Otra cita “aquí reproducimos las fases de la retórica con el sistema de los sofistas griegos” (!).

Y aunque se nombra al miedo, al estrés y la angustia del antes de comenzar, entre sus consejos no se menciona cómo superar todo ello.

¿Por qué hablo tan mal en público?

Entre las claves que facilita el periódico está “el gestionar el tiempo” o el “analizar al auditorio” y que “el mensaje sea directo, al grano”.

¿Es que algunas de estos recursos me va a ayudar a superar mi angustia?

Si mido mi tiempo, si conozco de cuanto tiempo dispongo para hablar va a desaparecer mi miedo?

No, todo lo contrario, ya que mi mente va generar pensamientos destructivos, del tipo “si no llego o me paso”, entre otros.

En el apartado de analizar al auditorio se incluye el concepto de “conocer el lugar”.

Conocer el lugar no basta, hay que habitarlo, hacerse con el, apropiarse de el.

Para ello necesito ir antes y probar mi voz, moverme y ensayar los movimientos hasta tenerlos memorizados. eso si me dará seguridad, mi cuerpo se irá acomodado ante un nuevo lugar con las repeticiones.

Por increíble que parezca, el artículo propone para “hablar bien en publico” esta pregunta :”¿Las sillas de los asistentes son cómodas o incómodas?”.

Es importante conocer el tipo de asistentes y  las condiciones en las que van a estar, sin embargo no veo cómo influye esto en mi disposición mental y emocional, quizá solo en el tiempo que tengo para que no se sientan totalmente incómodos en las sillas, pero para poco mas.

En otra clave hablan del “qué tengo que llevar”, pero no hace referencia al atuendo, solo a que “es bueno poner vídeos y fotos”. Y ¿por qué es bueno? “Porque se recuerdan mejor las imágenes…” ¿Entonces para qué hablar?Resultará mejor poner una película…

Y desgraciadamente de lo que no se habla es de que el público, especialmente empresarial, está ya cansado del famoso PowerPoint y necesita personas que les hablen desde la verdad y la autenticidad.

Para terminar, el periodista nombra conceptos clave, pero sin entrar de lleno en el meollo de la cuestión. Por ejemplo: “hablar con entusiasmo, sonreír, subir y bajar el tono, mover las manos.

El publico recordará lo que el orador les hizo sentir…” Sin embargo, tomando al pie de la letra estos consejos, no se cómo el público va a sentir algo, a no ser cierta extrañeza por tanta artificiosidad.

Por qué no decimos claramente que para que el público sienta algo es el propio orador el que tiene que sentirlo  y así comunicarlo a la audiencia. Si yo no me siento entusiasmado es bastante improbable que el público se sienta de alguna forma.

En suma, la mayor parte de estas recomendaciones van dirigidas a la parte mas racional de nuestro cerebro, de nuevo creyendo que si utilizamos la razón llegaremos al público y superamos nuestros miedos y vergüenzas.

Nada más alejado de la realidad, ya que si fuera así todos los que poseyeran un cociente intelectual medio lo habrían conseguido con un poco de práctica.

Nosotros, los humanos, no funcionamos de esta forma tan racional.

En nuestro cuerpo están todos los recuerdos de lo que hemos vivido, en nuestra neurología se encuentran todos y cada uno de ellos y sólo construyendo un nuevo camino neurológico podremos superar este tipo de experiencias ( de las que hemos hablado en anteriores posts).

No se pueden pensar la emociones, tenemos que sentirlas y comunicarnos en público sabiendo usarlas.

Y desgraciadamente no tenemos modelos en los apoyarnos dentro de estas fronteras. Aunque en el panorama mediático aparezcan nuestros rostros en todos los ámbitos de nuestra sociedad, la inmensa mayoría copia los modelos anteriores. Y sus cuerpos desaparecen ante una mente inmensa que les hace creer que son capaces de llegar a todo.

A mi no por supuesto. Yo necesito líderes culturales, políticos, sociales, mediatices, que sepan usar su cuerpo como su logos, sus emociones como sus ideas, es decir, que su discurso y su organismo sea uno.

Autoestima sana frente a arrogancia petulante, este sería un camino a trabajar para el buen orador, para el comunicador exitoso.

Nuestros modelos son arrogantes, encarnan una máscara de soberbia que esconde sus debilidades.

Y creo que necesitamos a oradores que sean vulnerables y atrevidos, que tengan coraje a la hora de comunicar y se acerquen al público con autenticidad.

Todo el mundo utiliza técnicas de interpretación para lograr sus objetivos, desde el niño que llora porque quiere un helado hasta el político que se desgañita para llegar a los corazones y las carteras de los votantes potenciales. Marlon Brando

aprender a hablar en público “Es importante el movimiento. No hay que estar sentado pero tampoco bailando. Con naturalidad, con dinamismo, sin pasarse y sin extremos”, prosigue el artículo.

Y me pregunto ¿qué es ser natural en un escenario ante el auditorio?¿Qué es pasarse y sin extremos? Lo primero, hablar en publico es un acto completamente artificial que requiere de muchas horas de práctica y de experiencia, para conseguir un cierto grado de comodidad y de satisfacción.

Lo segundo me abruma porque no se quién decide qué es pasarse o extralimitarse, no se dónde está escrito. En mi experiencia he visto a oradores que se han permitido saltar del escenario e interactuar entre el patio de butacas en eventos grandes y otros que con más de sesenta años se han permitido hacer una parodia de un strip-tease o lanzar globos gigantes para que la audiencia se pusiera a jugar, ante más de trescientos directores generales y ejecutivos encorbatados. Claro está, ninguno de ellos era español.

Para aprender a hablar en público intervienen dos factores fundamentales, uno es el cómo me encuentro  y el otro qué es lo que quiero conseguir.

Si no se trabajan, todo lo demás se convierte en oratoria vacua, en una buena retórica y poco más, y de esta forma no llegaremos nunca a un público ávido de experiencias comunicativas. De esta forma tan vacía de contenido humano, me vuelvo sobre mi mismo y mis sensaciones y mis juicios, no tiendo un cable hacia los demás, me quedo en mi caja.

Si no dispongo de un objetivo a conseguir para con el público, mejor no salgo al estrado. Necesito saber qué quiero conseguir  de la audiencia, ya que eso me motiva y me pone en funcionamiento orgánicamente, es decir, usando correctamente el cuerpo, la mente y las emociones.

Si se siguen enseñando de una forma decimonónica las técnicas comunicativas obtendremos una sociedad del mismo estilo, alejada de lo que es nuestra realidad más palpable: nuestra organicidad, de nuestro ser más completo.

5 respuestas a “¿Por qué hablo tan mal en público?”

  1. Fernando dice:

    Querido Luis. Me encanta tu artículo. Es primordial que, al hablar en público, se intente emocionar y para ello es preceptivo, previamente, sentir. Quien solo informa o forma, pierde posibilidades de conexión con los demás o, simplemente, no las tiene entre sus habilidades. Un abrazo y todo mi afecto.

  2. Ivan dice:

    Hola Luis. Gracias por alegrarme el día otra vez con tus reflexiones. Un abrazo

  3. Paco León dice:

    Gran artículo Luis! Cuántos hay por España dando pautas de cómo hablar en público sin tener en cuenta las emociones y el “para qué”?

  4. Arantxa dice:

    Enhorabuena Luis. Como casi siempre comparto al 100% todo lo que dices.
    Lo que yo no siento no puedo transmitirlo.
    Esa el la clave una buena comunicación. Que lo que transmito me lo crea y forme parte de mi.
    Beso enorme.

    • Muchas gracias, de nuevo, Arantxa.
      Esperemos que haya escuelas, colegios y universidades que comiencen a enseñarlo de esta forma.
      Besos y abrazos de corazón!

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