La emoción lleva a la acción, mientras que la razón lleva a la conclusión.

Donald B. Calne

Transmitir versus Comunicar.

Como habré dicho en más de una ocasión, tengo una especie de «pelea» en contra del uso de la palabra «transmitir» usada para todo lo que sea comunicar en público.

Hablar y comunicar no es lo mismo, y transmitir aún menos, aunque se use de continuo.

Hoy, debido a los medios audiovisuales y por influencia del inglés, se transmite todo, desde un acontecimiento deportivo (se retransmite) hasta una emoción.

Y así, en mis cursos de hablar en público y comunicación, los participantes quieren transmitir un mensaje y un sentimiento. Y no es posible.

Hablar tampoco es comunicar, es transmitir una información. Y se habla en los bares y se habla en los estrados En un escenario no se habla ni se transmite, se comunican ideas y emociones.

Si tenemos en cuenta el estudio de 1971 del psicólogo Albert Mehrabian, parece que, en ciertas situaciones, la comunicación verbal es altamente ambigua: Solo el 7 por ciento de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38 por ciento se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono, etc.) y el 55 por ciento al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, etcétera).

Quizá este porcentaje sea una exageración pero lo que es cierto es que, dependiendo de la forma en que se pronuncie, una frase se puede contradecir en su significado original.

Asimismo y sobre todo, la voz y el cuerpo son modificados por nuestras emociones y sentimientos, sea el porcentaje que sea el dedicado a las palabras.

También es cierto que sin palabras nuestro mensaje no podría llegar correctamente, sin embargo, gracias a las neuronas espejo, si que lo podríamos sentir y, como dice Rizzolati gracias a estas neuronas no sólo se entiende a otra persona de forma superficial, sino que se puede comprender hasta lo que piensa. El sistema de espejo hace precisamente eso, te pone en el lugar del otro. La base de nuestro comportamiento social es que exista la capacidad de tener empatía e imaginar lo que el otro está pensando.

Por lo que muchas veces las palabras son una ayuda y otras un impedimento.Transmitir versus Comunicar

La transmisión se reduce a la transmisión de conocimientos, de información, del mensaje, a través de la palabra.

Transmitir es solamente el envió de datos, pero sin que necesariamente haya una respuesta.  Se pueden además usar cualquier tipo de «transmisores», desde un WhatsApp a un email, no necesariamente se necesita a una persona.

Los humanos necesitamos las emociones para llegar a los demás y tanto es así que hemos tenido que inventar los emoticonos.

 Comunicamos lo que sentimos, nada más que lo que sentimos. 

Oriol Pujol Borotau

En el caso de las personas, la comunicación implica emotividad, interpretacion de la información. No olvidemos que la palabra emoción, dependiendo de las fuentes, proviene del latín “emotionis” que significa un impulso conducente a la acción. O bien, procede  de «emovere», que significa remover, agitar o excitar.

Por ello, si deseamos «mover» a un público, necesitaremos una buena dosis de emoción.

La comunicación, a diferencia de la transmisión, implica a la persona en su mensaje, en el que importa más el cómo que el qué. El cómo llegar a los demás, pesa demasiado como para olvidarlo o dejarlo en manos de las palabras.

Por ello, muchos de los oradores que salpican nuestras pantallas mediáticas, no llegan a sus públicos.

El impacto, la influencia en los demás, el convencer, el seducir, el entusiasmar, o molestar incluso, tiene que ver con nuestra comunicación en la parte emocional, por supuesto.

La actitud ante los demás, y el comportamiento derivado de ella, implica a un mundo emocional personal que es comunicado querámoslo o no, que no transmitido, y que puede ser coherente o no con lo que decimos verbalmente en las palabras.

Nuestro trabajo es encontrar esa coherencia internamente para que llegue a nuestros interlocutores, no olvidemos que la seguridad exterior con la que queremos convencer a los demás de nuestras ideas se basa en nuestra integridad interior.