Blog, Desarrollo Personal Luis Dorrego - 02/03/2012

Superar el miedo escénico.

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Superar el miedo escénico.

El miedo, como emoción básica, es necesaria e imprescindible para la supervivencia de todos los mamíferos. Se produce en nuestro cerebro límbico y es activada ante cualquier peligro pidiéndonos un ataque o una huida.

Así es como lo definen los expertos en Inteligencia Emocional y la neurociencia. Y ¿ante qué peligros se enfrenta el miedo escénico? ¿Qué enemigos, cuáles catástrofes…?

Las emociones van siempre acompañadas de reacciones somáticas y son muchas las reacciones físicas que presenta el organismo, pero las más importantes son: Las alteraciones en la circulación, los cambios respiratorios y las secreciones glandulares, como todo aquel que viva una fuerte emoción puede atestiguar.

Es decir, que podríamos pensar que es algo «natural»…

Sin embargo lo que más temen las personas… exceptuando la muerte, es el miedo a hablar en público, según demuestran las encuestas. Ante la idea de exponer sus ideas en público muchas personas huyen.

Se excusan con indisposiciones de todo tipo o inventan justificaciones de toda índole antes que colocarse en una tribuna delante de los otros. Es decir, el posible orador  llega a huir ante un peligro que siente tan poderoso como si lo viviera en un frente bélico.

¿Y realmente a qué tenemos miedo y qué es ese miedo realmente que afecta por igual a personas de todo nivel socio-económico?

Mucho antes que el miedo al público tenemos un miedo a no cumplir con las expectativas propias, al fracaso, a la equivocación.

Y es curioso que en un país donde no se enseñan habilidades sociales, tengamos un exceso de perfeccionismo que contribuya a crear una mente controladora y represora con nosotros mismos.

Hemos creado la obligación de tener que hacer bien una habilidad que no se nos ha sido enseñada. Lo perfecto es el enemigo de lo bueno y la equivocación una forma de aprendizaje. Además la perfección es fría y el ser humano también es emoción, con lo que nos dejamos atrás una buena parte de nuestro ser.

También, como no, tenemos miedo no solo de nuestro propio juez, sino del juez del otro. Y pensamos que el público nos escucha para juzgarnos, que es lo que nosotros solemos hacer con nosotros mismos.

Tenemos miedo al ridículo, al qué dirán, a mostrar nuestras emociones, es decir, a exponernos como somos y preferimos construir una máscara para ocultarnos detrás de ella. Una máscara de excesiva racionalidad, de una gran profesionalidad, sin emociones ni sentimientos Ver: Curso Comunicar con Éxito.

Y posiblemente este sea uno de los mayores miedos: Ser nosotros mismos, completos, en nuestra esencia.

Muchas veces me pregunto que por qué no enseñamos a hablar en público desde nuestra infancia en los centros escolares, tal y como lo hacen en otras latitudes. Miedo a salir a la pizarra, miedo a hablar en grandes grupos, son algunos de los miedos de la adolescencia que podrían estar subsanados con una pedagogía más social.

Nadie nace hablando en público, luego no es natural y habrá que entrenarse.

Somos, nos guste reconocerlo o no , seres emocionales y tal vez la sociedad nos empuja a ser racionales o incluso mejor dicho, racionalizadores. Como muchos estudios afirman, el 99% de nuestras decisiones las tomamos emocionalmente y luego la mente racional busca la justificación de la elección.

El miedo a hablar en público es, probablemente un miedo injustificado e irracional.

Si fuera al contrario nosotros mismos con nuestra mente lógica e intelectual habríamos conseguido superarlo.

Para muchos este camino de superación implica el desmontar creencias inútiles y limitantes,  aprender gestión emocional, ser conscientes de vivir el presente, el ahora, que en eso consiste una escucha activa y una comunicación real.

Y podemos comenzar  a comunicarnos con nosotros mismos modificando nuestro lenguaje interno y con los demás, ya que el control de las palabras ayuda a disciplinar las emociones y fomenta la positividad; al tiempo que repercute de forma favorable en nuestra mente inconsciente.

Para terminar, qué sucede con las alteraciones físicas. Si miramos a nuestro alrededor veremos a personas que se dedican, en su tiempo libre, a deportes de riesgo, que otros sin ir tan lejos disfrutan de un parque de atracciones y otros, los menos,  gozan del veneno del teatro, de esa droga que les obliga a ser adictos del escenario, de salir cuantas más veces mejor ante el público para recibir, como los otros casos anteriores, una descarga de adrenalina necesaria para poder interpretar algo tan intimo como las emociones de un personaje delante de desconocidos.

Porque en eso consiste el miedo escénico cuando palpita nuestro corazón exageradamente o cuando alguna parte de nuestro cuerpo tiembla: una necesaria descarga adrenalítica que nuestra mente no quiere admitir, lo que vuelve a provocar un nuevo choque que disocia nuestra mente de nuestras emociones.

Y al final del camino nos podemos dar  cuenta de que realmente hemos sido nosotros los que hemos construido este miedo, y que solo nosotros podremos modificarlo.

6 respuestas a “Superar el miedo escénico.”

  1. Jose dice:

    Finalmente, después de postponer mi comentario sobre el curso. Llegó. Mi experiencia en el curso fue maravillosa aunque en aquel momento no lo valore tal cual. Poco a poco me he dado cuenta que me ha aportado un empujón tanto a nivel personal como a nivel profesional. He dejado de lado esos temores y a día de hoy los afronto con normalidad. Como debe ser. Luis tiene la capacidad de leerte y analizarte con mucha facilidad y darte el empujón que necesitas para seguir avanzando. Recomiendo el curso aunque no tengas miedo escénico, te preparará para afrontar momentos de dificultad y como aprender a manejarlos. Con mucho cariño, gracias Luis.

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