fbpx

Los ojos no pueden ver a Dios sino a través de las lágrimas.

Victor Hugo

La tristeza es una emoción necesaria y además beneficiosa, ¿lo sabías? Seguro que dices que no. Quizá contestas que sí, que lo sabes, sin embargo huyes de ella como del diablo. ¿Sabes por qué?

No te quieres sentir “bajo de moral”, “poco activo”, “triste”… Hace unos años publiqué un post sobre el mismo tema y entonces afirmé que la tristeza y las lágrimas cumplen con una función social y hoy creo que es muy necesario darse cuenta de este hecho.

También escribí ya hace tiempo que el enfado es una forma positiva de encontrarnos con nosotros mismos y con los demás , una “forma de salvación”, afirmé. La tristeza hoy podría ser también una forma de “salvarnos” del aislamiento a la que esta forma de vida que hemos admitido como buena nos conduce.

Hay muchas pruebas de que la tristeza forma parte de nuestro cerebro subcortical y de que nos ayuda a la supervivencia: desde los estudios primeros de Ekman hasta la película Del revés. Estas nos explican que esta emoción primaria forma parte de nuestra vida como algo totalmente imprescindible.

Físicamente, la tristeza nos hace bajar las revoluciones y llorar. Lo mejor es que, después de hacerlo, empezamos a segregar endorfinas que nos hacen sentir más relajados.

La tristeza te permite parar y descansar para buscar soluciones. El exceso de tristeza no. Ello te puede llevar a la depresión.

El hilo de la vida se aflojaría si no fuera mojado con algunas lágrimas. 

Pitágoras

La tristeza sirve principalmente para saber qué hemos perdido.

Quizá opines que “ya lo sabes” y que no necesitas estar triste. Si ya sabes que has perdido algo para qué la emoción te embarga…¿te lo puedes preguntar? Parece que no sirve para nada ponerse triste. Sin embargo, lo hago cuando pierdo algo, desde un objeto hasta un familiar. Y quizá me enfade más que entristecerme el perder un objeto. Pero este enfado disfraza la tristeza, la oculta. Preferimos estar enfadados antes que tristes. Especialmente los hombres. Cosas de la educación…

Recuerda que las emociones en nuestro cuerpo nacieron hace millones de años y que es ahora cuando empezamos a comprender su utilidad.

Si nos remontamos a la época de las cavernas  y me imagino solo en este lugar buscaré la forma de sobrevivir. Si cazo un animal y lo comparto, “alegremente”, conseguiré un núcleo, un grupo de personas en las que me apoyaré para seguir avanzando en la vida. De esa forma, mi emoción primaria, la alegría, consigue un acercamiento social.

Con la tristeza sucede lo mismo. Alguien cercano muere y yo no se qué sucede con esa persona. (Recuerda que estamos hace millones de años atrás… y no existían ni el  Olimpo, ni el monoteísmo, ni Nietzsche) Mis lágrimas conseguirán compadecer a los demás que se acercarán a darme consuelo. Un consuelo de todo tipo. Al ritualizar las despedidas damos también comprensión a lo desconocido.

Si observamos detenidamente las emociones nos daremos cuenta de que nos ayudan enormemente a socializar. Y eso es sobrevivir, hoy también.

Los que no saben llorar con todo su corazón, tampoco saben reír.

Golda Meir

Nos necesitamos y si no sabemos sentirnos tristes, ¿cómo lo vamos a poder ver en los demás? Y aunque lo viéramos, ¿cómo podríamos ser empáticos con ellos?

Si yo niego la tristeza en mi mismo, mi dolor, mi angustia, ¿Cómo me voy poder acercar al dolor del otro?  ¿cómo voy poder ser empático?

Porque esa es la verdadera empatía, la habilidad de poder conectar con algo mío, mi emoción y sentimiento, que me permita conectar con los tuyos. Sin ese esfuerzo emocional no hay conexión humana.

Hoy, al igual que en los tiempos de las cavernas, nos necesitamos unos a los otros. Y las emociones siempre han servido de motor de ese acercamiento. No huyamos de ellas. Dejemos que aparezcan y creen vínculos de afecto y de humanidad.

Las lágrimas son tal vez los amigos más desinteresados de nuestra vida.

Franz Werfel

Ir al contenido