Blog, Constelaciones Familiares Luis Dorrego - 05/07/2016

El equilibrio entre el dar y el recibir en la pareja

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De las tres Leyes Sistémicas u Órdenes del Amor, como las llama Bert Hellinger, ésta es la que mas claramente refleja las otras dos. La Pertenencia (nadie puede estar excluido de un sistema) y el Orden Jerárquico, ven su reflejo en este nada fácil equilibrio entre el dar y el recibir, como se revela claramente en las Constelaciones Familiares.

Había sido demasiado amor, tanto como el que yo podía dar, más del que me convení­a. Fue demasiado amor. Y luego, nada.  Almudena Grandes

El equilibrio entre el dar y el recibir.

Según las leyes sistémicas, en nuestras relaciones tiene que existir un equilibrio entre el dar y el recibir. Y en ocasiones no es igualitario. Por ejemplo, los padres dan y los hijos reciben, pero no puede ser al contrario. Los hijos, ante esta situación, se sentirán en deuda con los padres, al igual que yo me siento en deuda cuando alguien me hace un regalo que no devuelvo.

Es natural al ser humano. Si me dan algo lo devuelvo, y si es posible un poco más. La sensación de sentirnos en deuda no nos gusta, nos molesta por lo general. Esto también ocurre cuando es algo no tan positivo como un regalo.

Los hijos nos sentimos en deuda con los padres y, en ocasiones, incluso culpables. Esto, de una forma sistémica, permite que la vida siga adelante ya que al no poder devolver lo que los padres nos dieron lo revertimos en el sistema.

Los padres nos dieron la vida, nosotros damos vida al sistema. Esta es la forma que se ha repetido durante miles de millones de años en el sistema familiar.

Como se vive el dar y recibir en la pareja.

Ahora bien, cuando me encuentro en una pareja el equilibrio tiene que ser igualitario. Así tomo de mi pareja en la medida que puedo dar a cambio y doy en la medida en que mi pareja puede darme algo a cambio.

Si mi pareja me da, vuelvo a sentirme en deuda y pagándola, es decir, devolviendo lo que me dio, me alivia y se hace sentir alegre y vivo, si se trata de algo positivo.

Y como siempre, doy un poco más, porque me hace sentir bien. Así­ mi pareja se va a sentir en deuda y va a repetir el mismo acto que yo he hecho dejándome a mi en el rol del deudor. Como dice Hellinger, la pareja puede crecer y crece.

Esto sucede con el amor. Cuanto más me den más voy a devolver. Así­ nos vamos seduciendo amorosamente.

Por otra parte, este sentimiento de deuda es una carga. El recibir nos pone en dependencia del que nos ha dado hasta que le hayamos devuelto algo equivalente. Por lo que resulta más agradable el dar que el recibir.

Recibir nos hace sentir en un apuro hasta que no restablecemos el equilibrio. Dar nos permite exigir al otro la deuda. Es por ello que muchas personas en la pareja se sienten muy satisfechas cuando comienzan a dar sin medida, caro está, hasta que se dan cuenta de que la otra persona no está pagando sus deudas. Pero… ¿lo puede hacer? ¿Te lo habí­as preguntado? ¿Lo habí­as medido anteriormente?

El equilibrio entre el dar y el recibir en la pareja¿Qué sucede en una pareja cuando uno de los miembros da en demasí­a y el otro no puede devolver tanto como recibe?

Se origina una potente tensión derivada de la falta de equilibro igualitario y el que recibe más de lo que puede dar se va, abandona la pareja. Y ¿cómo es posible? Al dar nos sentimos más grandes, superiores al otro: “Ves todo lo que te puedo dar y tú no me das nada”.

Y así empequeñecemos al otro y lo culpabilizamos de lo que estamos haciendo. Y al no sentirse iguales, no hay pareja real, justa. Podría romperse o no, pero lo cierto es que, si la relación continúa, estaría pervertida. No puede haber seducción.

Si soy del tipo de personas que sólo quiero dar, me estoy protegiendo de alguna forma de la verdadera conexión con el otro.

Tengo miedo a sentirme deudor, culpable, y huyo al dar.

De esa forma también me siento superior y, admito, posiblemente de una forma inconsciente, que no deseo tener pareja, que es mejor estar solo en mi cima. Libre y sin saber amar. Me auto-excluyo de alguna manera.

También es posible que al seguir esta acción me esté situando en el rol del padre que siempre da. Por lo que rechazo el recibir, ya que los hijos no pueden devolver a los padres. Y por supuesto, la relación vuelve a estar desequilibrada ya que en el otro veo a un hijo. Si solo quiero recibir me estoy convirtiendo en un niño que está cómodo en esa situación de inestabilidad. Quizá no me dieron el amor necesario mi infancia y lo esté buscando en mi pareja.

En todo estos ejemplos estamos hablando de dar en actos positivos y amorosos, pero ¿qué sucede si resulta ser algo negativo lo que está en la transacción?

¿Se devuelven los enfados, las peleas, los sentimientos de menosprecio o de soledad? Por supuesto que si, sucede lo mismo.

No me gusta sentirme en deuda por lo que devuelvo y doy siempre un poco más de lo que me han dado. Si esto es una constante puede hacer desaparecer a la pareja, aunque existan algunas que conserven esta dinámica como leif-motiv de sus vidas.

Lo que propone Hellinger es lo siguiente: Devolver siempre, pero un poco menos de lo recibido. De esta forma, si lo reintegro, me quedaré satisfecho al no sentirme en deuda. Y si devuelvo un poco menos de lo que me han dado, sigo en el amor, ya que permito a mi pareja tenerme cerca para recobrarse en lo positivo cuando pueda y quiera. Y ella tendrá noticia, por mi devolución, de que su acción no ha sido positiva para mi, con lo que la deuda desaparece.

Para mi seré un acto de re-equilibrio profundo. ¿Qué sucedería si yo no devolviese al menos un poquito? Me convertiría en el “bueno de la película”. Entraría en el rol del inocente, culpabilizando al otro únicamente. Por lo cual me situaría en una posición dominante, de poder, arrogante.

Devolver un poco menos de lo que nos dan no es fácil de hacer ya que estamos habituados a devolver mas. Y si te fijas, para seducir a tu pareja y mantenerla viva, esta acción es una de las más importantes. Te mantiene vivo, os mantiene en un equilibrio nivelado.

Extracto del libro El Arte de la Seducción.

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