Blog, Desarrollo Personal Luis Dorrego - 30/09/2014

Del erotismo del cortejo al encuentro miedoso.

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¿Qué pasó con el cortejo y el erotismo? ¿Alguna vez os lo habéis preguntado?

Hace bastantes años quise enseñar a mis estudiantes universitarios norteamericanos en qué consistía ser un galán en un escenario del Siglo de Oro y aún los preparaba para que lo interpretaran.

Claro, ellos carecían de referencias culturales, lo más cercano para ellos sería alguien parecido a Tom Cruise. La sorpresa vino cuando lo quise hacer con estudiantes españoles y tampoco funcionó, y tampoco lo conseguí con actores experimentados.

Y me preguntaba cómo conseguiría interpretar a Lope de Vega sin unos referentes claros para esos actores. Porque el resultado final en la escena fluctuaba entre un matón de opereta y un melifluo espadachín.

Del erotismo del cortejo al encuentro miedoso.

El cortejo viene a ser el tiempo, los regalos y las finezas que un hombre se encargaba de hacer ante una mujer cuando la pretendía amorosa o sexualmente, o incluso, de una mujer a un hombre.

De otra forma, buscar como agradarse o seducirse. Con los tiempos, el acceso de la mujer al mundo laboral y el poner atención en el lenguaje machista, el término ha quedado en desuso.

No estoy a favor de la parte machista del antiguo cortejo, donde, al parecer, se dejaba a la mujer un rol pasivo, pero, sin embargo, detrás de esta desaparición en nuestro habla cotidiana hay más elementos a tener en cuenta. Uno de ellos es el tiempo invertido, fruto también de otras épocas.

Otros son el miedo a mostrarse, a exponerse y tener el valor para verse en el espejo del otro. Así, hoy mismo, una gran angustia nos invade si tenemos que hablar, invitar o llamar por teléfono a una persona que nos interesa.

Para algunas personas incluso aparecen síntomas como sudoración, calores, palpitaciones, sensación de querer huir y escapar a ese momento.

Ahora, mujeres y hombres (posiblemente más mujeres) corren a lo que yo llamo “el encuentro miedoso” que, por muy placentero que pueda resultar (y resulta), olvida al ser humano en su profundidad.

La adrenalina que genera el miedo a ser vulnerables y sentirse observados aumenta, si cabe, con la de sentirse cazadores. Corremos al encuentro del otro sin pararnos a sentir, a sentirnos. Corremos para ser los primeros en esa cacería.

Muchos hombres con energía femenina lo hacen para no sentirse frágiles y muchas mujeres con energía masculina lo hacen por la misma razón. Y así, es posible, que muchas de las parejas que comienzan a formarse de esta manera se rompan cuando la descarga química se esfuma de nuestro cuerpo.

Satisfacción inmediata, necesidad de dulces infantiles y olvido de nuestro género. el erotismo del cortejo

No nos damos tiempo para mirarnos, para ser y sentirnos observados, como mujeres y como hombres. Ese matiz importante tenía el cortejo.

Ahora podríamos recuperar ese componente y mirarnos en los ojos de los demás y encontrarnos a nosotros mismos en el alma de los demás.

¿Qué nos da miedo a la intimidad?

Por supuesto, y ¡qué otro placer podríamos encontrar en esos ojos que nos miran, en esas miradas…! ¡La intimidad del encuentro, comienzo de otras intimidades!

Y ¿cómo recuperar un erotismo amoroso si no es entrando por las ventanas del alma?

Así que te recomiendo que inviertas unos minutos para volver a mirar a los ojos a tu pareja y, sin intención, rencor o proyección, te sumerjas en las aguas de ese placer, sin palabras, y que luego permitas que tu cuerpo se exprese libremente.

Y si no la tienes (o si), juega a mirar a desconocidos en la calle, sin intención, abriéndote a la sorpresa. Permitiendo que los demás entren y vean cuán hermosos somos los seres humanos cuando dejamos de querer hacer y conquistar.

Quizá estemos inventando una nueva forma de cortejo.

Esto es lo que hacemos en nuestro Taller de Seducción, del que ahora se cumplen unos 10 años.

0 respuestas a “Del erotismo del cortejo al encuentro miedoso.”

  1. marisa dice:

    Completamente cierto, hemos perdido la inocencia y el dejarnos sorprender.

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