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Cada vez estoy más convencido de que en sus orígenes el teatro fue sanación, fue terapéutico, fue catarsis, tal y como lo entendemos ahora. Y que Constelaciones Familiares lo refleja de alguna forma.

Anagnórisis y Catarsis (en Psicoescena®)

En la pasada edición de Psicoescena® (que es una síntesis de teatro y de constelaciones familiares) volví a vivir algunos de esos momentos donde el ser humano se convierte en un héroe luchando contra su destino, un destino que en ocasiones cree superior a él.

En la tragedia griega (como ya comentamos en el post anterior) se sientan las bases para entendernos como seres humanos en eterna lucha, en eterna búsqueda. La verdad, el conocimiento, los orígenes, en suma nuestro sentido para vivir, se dan en este teatro escrito hace más de 2.500 años.

Nosotros pagamos para ver en el escenario la tragedia humana para humanizarnos, para sentirnos vulnerables y poderosos, para sentir de verdad la vida, desde lo sencillo, desde la paz de espíritu.

Y eso lo consigue el teatro gracias a la catarsis, esa especie de purificación que se produce al contemplar a los personajes equivocándose, luchando y aceptando finalmente.

En esto que los griegos escribieron posiblemente esté la clave de nuestra felicidad: en la aceptación de la que sucedió, de lo que fue y que no se puede modificar, en que no se puede cambiar el pasado.

Edipo lo supo en su momento y  aceptó las consecuencias de su destino, liberándose al mismo tiempo. Esta paradoja es ¡tan humana!

Edipo (y cualquier otro personaje de tragedia, desde Esquilo hasta Arthur Miller) consigue liberarse transitando por diferentes fases, la primera al tomar la decisión de saber, su «quiero conocer la verdad», le impulsa a la acción para posteriormente comenzar a dudar, a no ver lo que tiene delante de los ojos.

La mente que nos pone las vendas para no mirar nuestro dolor.

Y en ese momento, cuando la venda comienza a caerse, es cuando nos hacemos grandes, héroes y verdaderos protagonistas de nuestra vida. Son unos segundos de miedo y de revuelta interior donde creemos que podemos volver atrás y nos percatamos de que ya es imposible, unos instantes donde querríamos ser ignorantes y donde, de una forma casi inverosímil, se genera la fuerza para seguir adelante y terminar aceptando.

En el proceso terapéutico (ya sea en consulta o talleres) es sublime observar y compartir emocionalmente estos segundos, esta especie de anagnórisis, este cambio de piel, este quitarse la máscara y brillar con el alma al viento de la vida.

Nuestras eternas luchas por llegar a ser diferentes, por poseer más, por avanzar, cualquiera de ellas, nos hacen sentirnos vivos. Quizá no tengan punto de comparación cuando veo a mis congéneres haciendo esfuerzos por llegar a conocerse, por encontrar la paz que puede dar el «conócete a ti mismo».

Celebro la inmensa suerte que tengo al poderlo vivir en cada Taller de Psicoescena®.


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