Blog, Coaching y Formación Luis Dorrego - 29/06/2014

Sacrificio o Superación ¿Cuál es el valor que rige tu vida?

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El sacrificio, el esfuerzo esfuerzo extraordinario para alcanzar un beneficio mayor, venciendo los propios gustos, intereses y comodidad, ¿es un valor que rige nuestra vida, la de nuestros seres queridos?  ¿Es es cierto que sea un valor positivo? Y ¿a dónde nos conduce?

¿Es realmente el valor del sacrificio el que nos conduce a la superación de nosotros mismos?

Cuando indago en mis sesiones o en grupos de empresa, aparece de fondo este cruel valor por debajo del más “correcto” esfuerzo. Muchas ocasiones los participantes mencionan que les mueve un deseo altamente elevado de “esforzarse”, pero nunca están satisfechos.

Algunas veces subyace un afán de superación, otras la insatisfacción de no alcanzar la perfección y también el valor de sacrificarse.

Y sacrificarse ¿en aras de qué? ¿De uno mismo, de los demás, de la empresa, los padres? ¿Qué beneficio les reporta, además de una breve tranquilidad o estabilidad emocional?

Los diccionarios no dejan lugar a dudas, sacrificio significa:

  1.  Ofrecimiento a un dios en señal de obediencia o para pedir su favor.
  2.  Acción que desagrada o no se desea hacer, pero que se hace por obligación, necesidad o altruismo.
  3. Esfuerzo o dolor que se sufre por un ideal o un sentimiento.
  4. En la religión cristiana, acto de la misa en el que el sacerdote transforma el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, en virtud del sacramento de la eucaristía.

Como vemos, la cultura judeo-cristiana ha dejado su marca indeleble.

superación

Mas atrás, en la Grecia Clásica, este acto consistía en el degollamiento ritual de uno o varios animales, una parte de los cuales se ofrecía a los dioses por medio de la cremación sobre el altar y el resto era consumido por los participantes en el sacrificio.

De hecho, sin estas reglas, la persona no podía comer la carne de los animales sin correr el riesgo de caer a su vez en la «animalidad». Pero existían también otros actos sin víctimas animales.

En ellos se ofrecían alimentos de todo tipo, panes de formas y composiciones diversas, frutas, pasteles, platos cocinados o, incluso, vegetales o perfumes que se brindaban a los dioses por medio de la llama encendida sobre el altar.

Sacrificio, al parecer, viene del latin sacro+ facere, es decir, hacer sagradas las cosas, honrarlas y entregarlas.

En el Nuevo Testamento el verbo “sacrificar” es del griego thuo cuyo significado fundamental es matar u ofrendar en honor de alguien o algo.

El sustantivo “sacrificio” es de thusis y se refiere a la ofrenda o sacrificio que se ofrece. Este nombre se halla más de 160 veces en hebreo bíblico. Los «sacrificios» que eran parte de los ritos del pacto incluían el derramamiento de la sangre sobre el pueblo y alrededor del altar.

De estos significados, nos ha quedado en la memoria o el inconsciente colectivos, aquellos que conllevan dolor, perdida, es decir, lo que nos liga con la la pena y la tristeza.

Y ¿es posible que con este peso emocional el sacrificio nos motive para trabajar  y superarnos en la vida? ¿No es más lógico que el efecto que produzca sea el contrario?

Y casi nunca he escuchado en estos últimos años hablar de la superación, de la auto-superación…

Es un concepto, un valor alejado de nuestro lenguaje.  Es más, si buscamos en Internet, aparecen juntos “Sacrificio, esfuerzo y superación”, como si de un único valor se tratara.

Y no es así. Los países de pasado (y presente) católico las usan de esa forma, no así los de influencia protestante, o mejor aún, los del área e influencia anglosajona que las separan claramente.

Si lo observamos, el sacrificio no es necesario para alcanzar el éxito, no lo garantiza. Una persona que se sacrifica está dando más de si mismo, no desde si mismo, está entregando algo que no tiene y provoca que pierda su tiempo, su equilibrio emocional y su visión clara de sus objetivos.

Es como si el sacrifico fuera un fin en si mismo: “Si me sacrifico ya lo he hecho todo, todo lo que he podido y más, luego siento que he alcanzado el objetivo”.

Otra cosa es el afán de superación, este nos lleva a tener los objetivos claros y hacerlo con los pies en la tierra.

La superación permite desarrollar nuestras capacidades a fin de que muestras metas se vean perseguidas y finalmente conseguidas.

Se considera a la superación como el valor que ayuda a motivar o a perfeccionar a las personas en lo espiritual y profesional venciendo todas las dificultades que se presentan, permitiendo desarrollar un esfuerzo para lograr el objetivo que se ha propuesto.

Para ello, la motivación es fundamental, es parte esencial, al igual que la perseverancia, la voluntad y la confianza.

Y ¿se habla de ello en las familias, en las escuelas, en las empresas? ¿Cuánto están atentos o estimulan los padres, los líderes, el esfuerzo por la superación individual o colectiva, en aras del sacrificio para conseguir dinero, un puesto social o ganar en las absurdas competiciones?

Podríamos aumentar la confianza en nosotros mismos para conseguir que nuestra vocación sea nuestro camino, que la perseverancia forme parte de nuestra vida de una forma alegre y confiando en que el error forma parte del éxito, y que la voluntad sea propia ni impuesta, ni acomodaticia, ni por supuesto, de los demás.

En suma, no lo hagas tan fácil como repetir por cualquier motivo consciente o inconsciente, el sacrificarte porque el que va a sentirlo eres tu. Haz algo no tan fácil, haz algo mejor: se tu mismo, con tu propio camino.

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