Blog, Constelaciones Familiares Luis Dorrego - 26/05/2015

No te fíes de los extraños…

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No hables con los extraños, aléjate de los desconocidos…

Y… ¿cuántas frases más como estas hemos escuchado desde que éramos pequeños?

Así nos educaron nuestros padres a determinadas edades para apartarnos de los posibles peligros y para que nos mantuviéramos protegidos.

Y creo que pocas veces se ocuparon de que al crecer nos fuéramos dando cuenta de que las personas, desconocidas o no, son como nosotros, ni buenos ni malos, solo diferentes. Posiblemente porque ellos mismos no lo vivieron así.

Siempre hay alguien que te puede dar una puñalada… Si alguien me da algo, seguro que quiere algo a cambio… Nadie da nada por nada…

Estas frases repetidas por nuestros padres con sus propios miedos nos vincularon, a través de estos sentimientos, a un comportamiento similar ante los desconocidos y terminaron por  forjar unas  creencias poderosas en nosotros.

Y muy limitante. Es decir, su miedo lo heredamos nosotros, y cuando llegamos a la edad adulta de tanta imitación vivimos los encuentros con los demás con cierto pavor.

Y si no lo cambiamos es posible que los depositemos en nuestra descendencia con la misma intención de protegerles.

No hables con los extraños, aléjate de los desconocidos...

No te fíes de los extraños.

La creencia consiste en convertir una frase cualquiera en una realidad, en una verdad que casi nunca se replantea a medida que vamos avanzando en nuestras vidas, que queda ahí en el inconsciente y que, en el caso de que no sea potenciadora, es decir, limitante, no nos ayuda a conseguir el éxito en nuestro camino vital.

Nosotros vivimos en sistemas desde que nacemos; pasamos del sistema familiar a todos los demás. Y hacemos nuestras sus reglas por la necesidad de pertenecer, por la necesidad que tenemos de protección en nuestra infancia, como hemos explicado en otros posts.

Así transitamos de la amparo del sistema familiar al sostén que nos proporcionan los otros diversos sistemas a roque que nos vamos arrimando y que nos va deparando la vida: los primeros grupos de amigos, sistemas importantes para nuestro desarrollo social, y los de la empresa en la que trabajaremos.

Pasaremos por equipos deportivos, clubes, barrios, nacionalidades o lugares donde quizá vivamos y que no son cercanos a nuestra propia cultura. Todos ellos tendrán sus reglas y nosotros las convertiremos en creencias para podernos vincular y adquirir la seguridad que da la pertenencia.

En todos conoceremos a nuevas personas, a desconocidos, que nos pondrán contra las cuerdas de nuestra antigua creencia infantil, ya que por una parte querremos entrar en ese nuevo “club” y por otra parte ese lugar estará lleno de ¡extraños!

¿Cuál crees que será la respuesta emocional?

Para mi un tanto dramática de forma interna: Si tengo miedo de los extraños mi cuerpo me pide huir o defenderme, pero deseo fervientemente pertenecer a algún sistema para adquirir seguridad. Muchas veces mi cuerpo responde con una carta parálisis.

De forma más detallada: me dirijo a un nuevo trabajo y casi todos son desconocidos, llevo dentro la antigua creencia que es actual siempre que se plantea la situación. Mi cuerpo se pone en alerta cuando aparece el primer extraño y veo el peligro delante de mi.

Mi respuesta es clara, no me acerco, me alejo, ya que veo el color rojo intermitente de “peligro” en este y en todos con los que me voy encontrando.

Aunque de igual forma me tengo que relacionar…¿Cómo crees que van a ser mis relaciones con los compañeros o jefes? ¿Cuánto tiempo voy a necesitar para que pueda confiar en ellos? ¿Cuántas comprobaciones voy a efectuar para que pueda dar algún paso?

Y por otro lado, ¿qué reciben los demás de mi? ¿Huelen mi miedo, mi temor, o están tan agazapados en su trinchera, compuesta de los mismos sentimientos, que ni se dan cuenta? Posiblemente su respuesta  sea la misma: la desconfianza y el temor.

Inclusive también nos afecta la antigua creencia cultural española que nace de la expulsion de los judíos y los árabes hace unos centenares de años. La construcción de España está basa en los mismos sentimientos, ya que ante el temor de ser diferentes, de ser perseguidos o de perder la vida, construimos una cultura basada en la apariencia donde todos teníamos que ser cristianos, viejos o nuevos, perdiendo la verdadera identidad.

¿Qué pensamos de los demás culturalmente en nuestro país?

En mi vida me he encontrado asistiendo a una fiesta solo y verme y sentirme en soledad nada más entrar a una casa o local. Y, habitualmente, sentir las ganas de salir corriendo, al no encontrar respuesta positiva por parte de los demás, una sonrisa, un saludo introductorio o una pregunta cómplice.

Mi mirada se fijaba en los diferentes grupos que ya estaban formados y buscaba con ansiedad un flotador, en forma de persona, que me permitiera poder salir y respirar. Y muchas veces, en mi huida, me encontraba finalmente con algún “raro” y en las estancias más “extrañas” del lugar.

Esta situación la he visto en otras personas que se se han quedado en las esquinas refugiándose durante el tiempo que, gracias al alcohol u otras sustancias, les permitieran animarse y romper las barreras de “lo desconocido”.

Para mi ha sido triste comprobar que en otros países existen otros tipos de comportamientos, que en muchos lugares la gente quiere conocer a los extraños y actúan en consecuencia abriéndose ante los demas.

Ahora, de adultos, tenemos una justificación: “es que soy tímido”. “No me fío de los demás, es que soy desconfiado.” Y así perpetuamos la creencia con estas excusas que afectan directamente a nuestra identidad. ¿Es que realmente no nos gustan los demás? Pero ¡si los necesitamos!

Sin los demás no podríamos definirnos a nosotros mismos. Yo no podría sobrevivir en el mundo sin los otros, sin esos extraños.

Los otros son mi espejo, un espejo donde veo lo mejor y lo peor de mi. Un espejo donde aprendo y que me permite comprobar mis avances.

Lo que nos perdemos de la Vida al sumergirnos en nuestra burbuja de protección es precisamente esto, nuestro propio crecimiento. En mi burbuja hiberno, no vivo.

Para mi los desconocidos son la fuente de donde puedo beber el liquido de la Vida, el manjar de donde saborear el poder del Amor.

Los desconocidos son yo mismo, con sus mismas inquietudes, temores y alegrías. Somos diferentes y somos iguales. Somos unos y somos los otros.

En definitiva seres en búsqueda de los otros dentro de una misma Alma.

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2 respuestas a “No te fíes de los extraños…”

  1. Alberto dice:

    Totalmente de acuerdo. Muy interesante reflexión sobre los miedos y sobre no proporcionar recursos para enfrentarlos, tan solo el escape.

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