Blog, Coaching y Formación Luis Dorrego - 04/04/2013

Motivación, emociones, deporte y competición.

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Motivación, emociones, deporte y competición.

Que nuestra sociedad es competitiva es un hecho que no podemos negar y es posible que uno de los factores de lo que hoy estamos viviendo como “crisis”, o cambio de paradigma, venga alentado o sustentado por este hecho.

La competición entre humanos, lejos de ser un estímulo motivador, es un lugar de choque, de conflicto: Siempre que alguien gana, el resto pierde. Este lenguaje de vencer/perder es propio de confrontación.

Por diversas circunstancias personales, he tenido la oportunidad de estar cerca de entrenadores y fisioterapeutas deportivos, estos son profesionales  que trabajan y se han formado en este ambiente desde pequeños.

Durante este tiempo me he sentido pequeño, débil (que no vulnerable), a merced del (uno) estado de ánimo del guía y (dos) vapuleado por sus tonos de voz no modulados. Tanto era así que en una ocasión le pregunté al fisioterapeuta que qué le enfadaba tanto, cuestión que le dejó perplejo, sin palabras.

Durante los primeros días no recibí ningún estimulo positivo y tuve que fabricarlo por mi mismo.

En la Guia de Motivación para Técnicos Deportivos, del Consejo Superior de Deportes, se lee: “Para corregir a un deportista un fallo se puede utilizar la técnica “sándwich”.

Consiste en decirle algo que ha hecho bien en el ejercicio, después la información que se quiera corregirle y finalmente resaltar que lo ha hecho bien”. Mi sorpresa ha sido encontrarme con que no me dijeron que hacía ni bien ni mal y que su forma de motivar era “a gritos”.

Me explico: Un tono de voz alto, falto de mimo y con el objetivo de motivar con este tipo de energía. Es decir, sin la empatía, la asertividad y la flexibilidad propias de una inteligencia emocional. Los progresos los he celebrado en solitario, y me han faltado los comentarios motivadores de mi entrenador, de mi profesor.

guia motivacional para deportistas

Entiendo que, al igual que otro trabajador, un entrenador, un monitor de gimnasia, un profesor deportivo, trabaja muchas horas con muy diferentes personas de muy diferente pelaje, y que, al igual que muchos trabajadores, tengan motivos para estar a disgusto en el puesto.

Una diferencia importante es que estos trabajan con personas, dan clase, enseñan, y no están ante la pantalla de un ordenador durante horas, por ejemplo.

En mi pequeña experiencia pareciera que solo saben motivar de una forma: a voces, sintiéndose “superiores”, con ese estimulo físico que da la autoridad, el poder. ¿Esto lo da la profesión? ¿Es social, cultural, nacional? Veamos.

Según mi punto de vista, en el deporte, el otro es un rival y la máxima del entrenador para motivar a sus jugadores es:

“Trata al otro equipo con hostilidad y coopera con los miembros de tu propio equipo”.

Esta idea, que es un recuerdo del “instinto bélico” primitivo,  es el origen de la guerra. Hoy lo podemos ver en las películas de Hollywood y en nuestros estadios, como modelo positivo para este pais.

También creo que venimos de un pasado que vive el conflicto como algo consustancial, eterno y que no terminamos de alejarnos de el.

Asimismo es cierto que nuestra cultura es individualista, decimos un NO ante de escuchar al otro y pensamos la réplica antes que el otro termine su exposición. ¿Tanto deseamos, tanto necesitamos la confrontación, la pelea? ¿Tanto tenemos arraigada la idea de competir para ganar, para eliminar al otro, llevándola a nuestro día a día?

Afortunadamente, poco a poco se va introduciendo la inteligencia emocional en los colegios y en otros sustratos sociales, pero en el deporte que todavía nos sirve de espejo social donde nos dicen que nos miremos ¿qué es lo que sucede?

las emociones en el deporte

Para otras culturas, como la japonesa, el saber vencer no es un arte. El arte es ser capaces de esquivar el encuentro. Esto quiere decir desarrollar nuestro ingenio. No para ganar, sino para rehuir el combate.

En Japón el que encuentra una salida tiene más valor  y es más persona porque ha sabido encontrar una solución sin enfrentamiento. Parece que nosotros aún estamos lejos de este arte.

Y para concluir, os dejo un cuento tradicional japonés y seguir reflexionando sobre el tema:

Hace mucho, mucho tiempo, vivían un Tengu azul y un Tengu rojo (diablos con la nariz alargada) en una montaña muy alta.

Los dos eran íntimos amigos. Les gustaba observar a las personas desde lo alto.

Un día el Tengu rojo preguntó: “¿Cuánto tiempo hace que vivimos aquí?”

El Tengu azul contestó:”Desde hace quinientos años.”

El Tengu rojo dijo: “Los hombres han cambiado mucho en todo este tiempo. Pero nosotros no hemos cambiado nada.”

El Tengu azul dijo: “Frecuentemente ellos andan riñendo construyen ciudades y tan pronto empiezan a pelear destruyen todo y otra vez se repite lo mismo.”

El Tengu rojo dijo: “¡Entiendo! ¡Tenemos que reñir! Nunca hemos reñido durante quinientos años por eso no hemos cambiado nada.”

El Tengu azul dijo: “Somos íntimos amigos, por eso no es necesario.”

El Tengu rojo dijo: “¡Sí! ¡Nunca hemos reñido por eso no hemos progresado! ¡De momento dejemos de jugar! ¿Sí?”

El Tengu azul contestó: “Está bien”

Y empesaron a reñir.

emociones y competición

Un día el Tengu azul estaba observando a unos hombres.

El dijo “Estoy aburrido de estar solo. ¡Oh! ¿Qué es aquello? ¡Son muy bonitos! ¡Voy a alargar la nariz un poco más!”

Su nariz se alargó hasta un castillo porque quería tocar unas prendas muy bellas que veía en su interior.

En ese momento una criada estaba colgando un hermoso “kimono“ de una princesa. Ella no se percató y lo colgó en su nariz.

El se sorprendió porque su nariz llegó a pesar mucho. Acortó su nariz precipitadamente y conseguió muchas ropas bonitas.

En ese momento vino el Tengu rojo y dijo: “¿Por qué tienes muchas ropas bonitas?”

El Tengu azul contestó: “Alargué la nariz hasta un castillo y pegaron prendas en ella. Te doy la mitad.”

El Tengu rojo dijo: “¡No quiero!” y se marchó a otro sitio.

El Tengu rojo estaba muy envidioso. Pensó: “Yo también quiero ropas bonitas. ¡Voy a alargar la nariz hasta un castillo!”

Y su nariz se alargó hasta uno. ¡Pero en éste se entrenaban artes marciales! Ellos al ver su nariz se arrojaron sobre ella con la espada en la mano.

El Tengu rojo se sorprendió porque le dolió mucho. Acortó su nariz precipitadamente.

En ese momento el Tengu azul vino y dijo: “¡¿Qué te pasa?!”

El Tengu rojo le contó llorando lo pasado.

El Tengu azul le dijo: “Está bien. Te doy la mitad de estas ropas bonitas. Por eso ya no llores.”

Los dos se reconciliaron y vivieron en armonía para siempre.

3 respuestas a “Motivación, emociones, deporte y competición.”

  1. Almudena dice:

    Durante más 10 años, tuve un entrenador de baloncesto muy reconocido a nivel nacional e internacional. Seguramente, gracias a él alcancé un nivel muy alto jugando al baloncesto, perro gracias a él también desarrolle muchos miedos. Sus técnicas de entrenamiento eran como las que describes, próximas al Tercer Reich, y muy alejadas de ningún tipo de inteligencia emocional o método pedagógico. Y esto era si cabe más preocupante si conseramos que se trataba de niñas pequeñas.

    Ahora visto en la distancia, me asombro de que esa técnica siga viva no solo en el mundo del deporte, si no también en la educación y en las empresas. Cuánto mejor, sería trabajar a favor de las personas y de los objetivos, que de la competencia y la crítica negativa.

  2. Carmen dice:

    Me recuerda a mis jefes en la empresa alemana en la que trabajaba… ahí más que un sandwich, hacían un rollito, es decir, te envolvían de críticas y más críticas, el relleno, eras tú! 🙂

  3. Gracias, Luis. Excelente artículo. Coincido con todo lo que expones. Deberíamos promover más la colaboración que la competencia.

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