Blog, Consultoría Empresarial Luis Dorrego - 25/02/2016

Empresas que llegan a cumplir los plazos

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“¡Vamos, que no llegamos!”, dicen los padres a sus hijos para ir al colegio.
“¡Vamos, que no llegamos!”, también pronuncian muchos profesionales ante la llegada del plazo final.
“¡Vamos, que no llegamos!”, solemos decirnos a nosotros mismos ante situaciones cotidianas.

Empresas que llegan a cumplir los plazos.

Empresas que llegan a cumplir los plazos.

Hace diez años comencé a impartir formación en empresas de desarrollo de habilidades.

Está siendo una experiencia enriquecedora que no tiene fin ya que los retos son cada vez mayores.

Durante este periplo de mi vida, la primera sorpresa que me llevé fue cuando escuché de boca de los directivos y empleados, (no todos, por supuesto), que era frecuente no llegar a los objetivos en los plazos previstos.

Yo, que provengo del mundo del teatro, aún me cuesta entender que no se llegue a cumplir los plazos.

En mi antigua profesión “siempre” se llega al estreno. No se sabe como, pero hacemos lo indecible para estrenar en la fecha prevista.

Cierto es que, existen los accidentes y en ocasiones hay que retrasar la presentación del espectáculo ante el público, y aún así, he podido vivir experiencias que paso a relatar, para explicar que en esa profesión existe un “algo”, un espíritu de camaradería, de cooperación que en muchas ocasiones, trasciende los límites que creemos tener cuando nos miramos en el ambiente laboral.

Además de los costes derivados de no cumplir con los plazos, derivados de un retraso en una producción teatral. Existe en cada uno de los miembros de la compañía, ya sean actores o técnicos, una voluntad y motivación para que, se pueda levantar el telón en la fecha prevista.

Independientemente de que, el dinero sea del productor privado, de una subvención o de la cooperativa. Es cierto que si no se abre la taquilla se corre el riesgo de no cobrar por esos días, donde las puertas del teatro se encuentran cerradas.

Aún así, recuerdo que en una producción del año 1983 donde los actores cobrábamos a taquilla en un teatro de 250 butacas que rara vez se llenaba, una compañera actriz subió a hacer reír al público después de haber enterrado a su madre por la mañana.

Por supuesto, todos estábamos con la tristeza en nuestro corazón y ella con su dolor, y armada de coraje permitió que el telón subiera aquella noche.

Y no era sólo el salario o las ganas de distracción lo que le hizo trabajar, porque el resto de la compañía le aseguramos que queríamos cancelar la función, sino que:

“vio su parte de responsabilidad sobre el producto y sintió algo así como un fuerte compañerismo”

He asistido en varias ocasiones, a situaciones terribles y terroríficas donde el vestuario no estaba listo para los ensayos generales, (unos días antes del estreno, como muy tarde la noche anterior) y en una de ellas, hasta el equipo de confección nos abandonó, con el diseñador incluido, dos días antes de estrenar.

Y aún hoy recuerdo, con alegría y añoranza la noche que casi sin dormir pasamos todos los actores y actrices, en los camerinos terminándolo, es decir, cogiendo hilo aguja, pintura o echando una mano donde fuera necesario.

Cuando nos vestimos esos trajes ya eran más profundamente nuestros, que si nos los hubiera realizado un modisto como Jean Paul Gaultier o David Delfín. Nuestro sentimiento de pertenencia a la producción de esa obra, aumentó sobremanera. Ya era íntimamente más nuestra.

PLAZOS copiaAnte este tipo de situaciones que se han repetido en ocasiones durante mis treinta años en el teatro, ya fuera profesional, universitario o aficionado, el resorte de la colaboración para conseguir llegar a tiempo siempre se activaba.

Y eso independientemente de que hubiera una buena relación entre los equipos o entre las personas.

Ese “tenemos que llegar al estreno” es algo así como la famosa frase “el espectáculo tiene que continuar”, y funciona como algo que se siente en todo el cuerpo.

Por supuesto que, también en esta profesión existen las desavenencias, el sentimiento  de injusticia laboral, la jerarquización de los estratos: Por ejemplo, hay “divos” que no se comunican con los técnicos o el personal de sala; en los autobuses de las giras las “primeras figuras” tenían el asiento más próximo al conductor y, como en la mayor parte de los trabajos, hay quejas sobre el sueldo…

Y no se cómo, en esos momentos críticos donde “hay que llegar”, el compañerismo emerge, la cooperación surge sin que nadie lo ordene, desaparecen los egos inflamados y la obra se estrena.

La colaboración real entre profesionales permite que se consigan los objetivos y el liderazgo del “ordeno y mando” desaparece tras un autoliderazgo que nos guía con un fin común.

Es posible que a estos trabajadores, que son especialistas en comunicar emociones, sentimientos y pensamientos, les sea más fácil tener puntos en común para conseguirlo, ya que, la confianza es una herramienta fundamental para poder subirse a un escenario.

Su propia confianza y la que depositan en los demás. La camaradería que deviene de este tipo de trabajo no es muy usual y, sin llegar a tener que ser amigos, permite que los objetivos del productor o el director lleguen a ser propios, de todos y cada unos de los miembros de una compañía.

Si, en el mundo del teatro la integración y la pertenencia es algo que surge desde todos los ángulos del equipo y en todos los estratos  de la pirámide. La alianza entre todos se escribe en el momento que se comienza a trabajar. Sin lugar a duda. Y se consigue gracias a la voluntad de dar lo mejor de cada uno de los trabajadores.

Y estas actitudes y comportamientos es algo que se puede y se tiene que exportar al mundo empresarial para conseguir “llegar a cumplir los plazos” de una forma más humana. Y es a eso a lo que yo me dedico.

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