Blog, Desarrollo Personal Luis Dorrego - 25/04/2011

El placer de los procesos.

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En el transcurso de nuestro tiempo, de nuestros tiempos, ¿cuántos momentos dedicamos a mirar los procesos, nuestros procesos?

Ya se que se ha escrito infinidad sobre este tema y no quería dejar de pasar un tiempo de mis “procesos vitales” para lanzar una breve reflexión.

El placer de los procesos.

Acabo de vivir el proceso del embarazo de mi mujer durante sus nueves meses y el del nacimiento de nuestro hijo y ahora queda el largo proceso de nuestro apoyo en su crecimiento manteniendo el corazón a punto.

Durante este tiempo, curiosamente, los que nos rodean nos han estado repitiendo, en ocasiones bienintencionadamente, las siguientes frases:

“Que sepas que ya se te acabó el tiempo”, “no sabes lo que te espera” o “aprovechad ahora que el tiempo pasa rápido”.

Y me hago varias preguntas. Una de ellas es sobre cuanto de su mundo han proyectado en mi con cada frase, otra es sobre cómo habrán vivido ellos estos momentos que vivo felizmente, y por último que cómo el tiempo puede pasar tan rápido o tan lento.

Yo me veo viviendo el momento y disfrutando de cada instante de esta vida y ahora la experiencia de la paternidad.

Todo el trabajo de estos años, además de conocerme a mi mismo, ha sido la de procurar no quedarme en el pasado ni anticipar el futuro, sino el de vivir cada instante de este proceso que llamamos Vida, y cada día me esfuerzo más para conseguir mucha más presencia.

Creo que he disfrutado cada segundo de estos meses del embarazo de mi pareja, tanto en sus momentos felices como en los menos alegres, y vivo con intensidad cada instante del nacimiento y primeros días de mi hijo.

Y no encuentro esa “falta de tiempo”, así como tampoco el tiempo que sobra: el tiempo lineal, el cronológico, siempre es el mismo sólo depende de cómo lo usemos, de qué elegimos. Y siendo conscientes de esa elección estaremos más en el proceso, pieza fundamental de la experiencia.

Uno  de mis primeros placeres infantiles que creo recordar es el del desear conocer cómo funcionaban las cosas, qué había detrás de cada novedad, como cualquier niño.

De entre los primeros hechos que rememoro  me encuentro jugando con un corcho y experimentando la sorpresa del descubrimiento de la flotación de los objetos, seguro que pasé un largo tiempo con esa actividad asombrosa.

También me veo abriendo -bueno, descuartizando más bién- un coche de carreras a pilas para descubrir que escondía bajo su carrocería y qué le hacía funcionar tan misteriosamente. Posteriormente pasé a los aparatos electrónicos de mi padre, activad que me hizo ganar algún que otro cachete.

En suma, ¡todas esas cosas tenían un funcionamiento oculto a simple vista!

Y yo deseaba averigüarlo, no importaba el tiempo, no había prisa.

Y eso era un proceso: algo que consta de fases sucesivas que no puede desarrollarse sin una de las partes. Yo no lo sabía aún.

Luego fui al cine y viendo buenas y malas películas fui dándome cuenta de que la diferencia entre ellas estribaba en que una o más de las fases no formaba parte del total  o que si se encontraba pero defectuosa, de que en el proceso de construcción algo faltaba o algo había salido fallido.

Como director de teatro puse mucho énfasis en el proceso (propio también de los ritos) y en que cada parte estuviera “a tiempo”, con “good timing”.

Y ahora me encuentro con muchas personas que no saben disfrutar de esta experiencia tan consustancial a la nuestra en este mundo.

En ocasiones no comprendo cómo muchos de ellos quieren “terminar pronto”, llegar al final antes de pasar cada fase, aunque los libros de autoayuda estén llenos de esta metáfora. “Es que esto exige mucho compromiso y yo no lo sabía”, “es mucha responsabilidad…. por eso lo abandono a medio camino”, actitudes que se repiten día a día a mi alrededor.

Huida, escape, gratificación inmediata. en busca de fórmulas mágicas, recetas milagrosas que, entre otros ardides, nos sirven para atajar, para cortar al proceso su tiempo, su tiempo necesario, particular y profundo.

La paradoja, a veces trágica, para muchas de estas actitudes se refelja en que se ven abocados a repetir  una y otra vez esos hábitos que, como en el castigo de Sísifo, cuando se creen que ya han llegado, tienen que volver a comenzar.

En el teatro la mayor parte de los profesionales, exceptuando a los actores, vivimos necesariamente y hacemos  nuestro ese proceso, llamado producción o ensayos, que permite que el público pueda a su vez disfrutar del resultado en el espectáculo.

Para ello le ponemos todo el amor y conocimiento (el orden no altera el producto) delegando responsabilidades, generando confianza en el equipo y arriesgando mucho más de lo que el público suele conocer.

Y eso es placer para este que suscribe, el placer de la experiencia de que en cada momento se está aprendiendo si se está en el momento. Ahora mi momento es también mi paternidad y a mi hijo Héctor le dedico estas palabras escritas.

5 respuestas a “El placer de los procesos.”

  1. Gracias, Elena,
    es lo que me toca vivir, y espero que todo lo sea vivido y sentido en el momento.
    gracias por tu post!
    Besos

  2. Elena dice:

    Uf, cuanta profundidad….
    Estoy de acuerdo en que los procesos tardan su tiempo….
    En cuanto a vivir el presente….Creo que es mas fácil aprendiendo a -sentir- el momento. Recomiendo para esto el taller de Seducción de Luis!. Me enseñó a sentir y ser consciente de las emociones (buenas o malas) en cada momento y a sacar provecho de ellas. Creo que vivo mucho mas desde aquel fin de semana…. En cuanto a los momentos que se viven o dejan de vivir al tener un bebé…, tambien estoy de acuerdo con Luis. Es una forma de vivir. Jamás he echado de menos mis juergas por la noche o mis momentos de ocio ya que me lo he pasado genial en casita con mis hijos. Que mayor felicidad que la de los momentos que compartes con ellos. Cuando se es padre o madre, no dejas de vivir…al revés encuentras el significado de la vida y tienes mucho mas que vivir…, pues vives tu vida y la de ellos….Y para terminar, algo mas objetivo que puntualizar…, lo único que yo encuentro difícil de los hijos (que ya me está tocando) es ayudarles a resolver sus propios conflictos en y con la sociedad…, ayudarles a resolver sus problemas…Lo haremos lo mejor que podamos para que se integren lo mejor posible en esta sociedad que hemos hecho para ellos…
    Besos y abrazos, y como ya he dicho…, a disfrutar del chiquitín!
    Elena

  3. Gracias, Coral, Jesús.
    Es curioso, me parece que nos hemos acostumbrado a las satisfacciones inmediatas y hemos creado un gran número de insatisfechos.
    Nos hemos perdido el disfrute del momento a momento.
    Abrazos!!!

  4. Coral dice:

    Hola luis,
    me ha encantado este artículo, especialmente cuando dices que hay q darle tiempo a los procesos, a veces no van tan rápido como quieres.
    y también el de atrevernos a hacer cosa nuevas , como cuando te refieres a las concentraciones de sol.
    lo has dicho muy bonito.
    abrzos
    Coral

  5. Jesus dice:

    Grande como siempre Luis!

    El momento, el presente, el ahora, nuestra única verdad.

    Donde nace la emoción, la risa, el placer y la dicha. Hasta la felicidad si no está presente, simplemente no se siente.

    Algunas veces queremos regresar al pasado, pero en el futuro querremos regresar más veces al presente y aunque ese presente dure un solo instante, una decima de cualquier tiempo, antes de morir reaparece en un bucle infinito. No es genial?

    Me encanta leer tu blog, amigo. Llega!
    Un abrazo,
    Jesús

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