Blog, Constelaciones Familiares Luis Dorrego - 09/09/2014

CRISIS, GUERRAS Y SANACIÓN (II)

0

(Continúa del anterior)

CRISIS, GUERRAS Y SANACIÓN

Tras la hecatombe atómica de 1945, el arte teatral dio a luz lo que se denominó Teatro del Absurdo, donde en unos textos redactados con una “lógica absurda”, se resalta la incongruencia entre los pensamientos y los hechos humanos, así como la incoherencia entre las ideologías y los actos.

No podemos olvidar que los genocidios sacados a la luz en la época, tanto los del holocausto judío, como de las masacres soviéticas, chinas, japonesas y otros países asiáticos, pusieron de manifiesto esta brecha insalvable, quizá como ahora mismo. Se estaba acercando el fin de la era de las ideologías fuertes y el arte lo evidenciaba.

También en este tipo de teatro “absurdo”, los personajes tienen un gran obstáculo para expresarse y comunicarse entre ellos mismos.

La comunicación humana, tal y como la entendemos, ha desaparecido de ese escenario, al igual que de los seres humanos desesperanzados, nihilistas y/o existencialistas, que ya no saben a donde dirigirse.

Es la famosa ausencia de Dios iniciada un siglo antes por los filósofos y los movimientos sociales. Ahora, ni las personas saben como comunicarnos entre ellas. Ya no es que seamos “lobos los unos para los otros”, sino que ni siquiera nos reconocemos delante del espejo de los demás.

Ante la posibilidad de una destrucción completa de la civilización humana como consecuencia de la guerra nuclear, se iniciaron movimientos sociales, tales como  el movimiento pacifista contemporáneo, que se creó a partir de los trabajos del Comité de Emergencia de los Científicos Atómicos, compuesto por numerosas personalidades que habían participado en el desarrollo de las primeras armas de este tipo y eran plenamente conscientes de sus posibilidades aniquiladoras.

Entre ellos, se contaba Albert Einstein.conflictos y guerras

 

Imagino que la conciencia de que el mundo se puede acabar, nos convierte en personas mas conscientes  a la hora de conservar este planeta y a sus congéneres.

Y que al igual que deseamos preservar nuestro entorno y mejorar la calidad de vida, nos encontramos con un importante momento de mejorarnos hacia dentro.

Después de los años 50, en EE.UU. y otros países del Primer Mundo, el asistir al psicólogo o al terapeuta se comenzó a convertir en un hecho cotidiano. Y hoy en una realidad.

Por otra parte, el aumento de los talleres y cursos de autoconocimiento y sanación desde los años 60 es obvio y a nadie escapa su popularidad.

¿Quién se podía imaginar hace unas décadas en nuestro país que millares de personas dedicaran fin de semana completo, y en ocasiones unas vacaciones, a cuidarse mental, corporal o espiritualmente?

Lo cierto es que uno a uno, deseamos y estamos expandiendo el nivel de conciencia de esta etapa de la humanidad para alcanzar lo que llamamos consciencia. De alguna forma, deseamos subir de nivel, de superarnos como humanos, ahora de una forma holística, completa y más natural.

Y llevamos todas estas décadas viviendo cotidianamente con los conflictos bélicos, parece que no hay forma de que escapemos a ellos.

Cuando no es una guerra civil se trata de una invasión o de un golpe de estado. Sin embargo, llevamos unos años asistiendo a una nueva forma de destrucción.

Para mi, ya he he dicho alguna vez, esta mal llamada crisis económica es una guerra, una “guerra moderna” donde no hay ni bombas, una guerra silenciosa, una guerra donde los “efectos colaterales”, saben a menos porque no son aireados ni publicados, no descargan la adrenalina de unos vídeos de niños muertos a la hora de comer.

Sin embargo, algo está sucediendo (o ha sucedido ya) que nos mantiene en un constante alerta o en una paralizante incertidumbre. Y todos nosotros buscamos respuestas, sea donde sea. La guerra es una respuesta, sabemos donde estamos , a qué bando pertenecemos o nos aliamos, ahora no parece tan fácil.

Con el creciente conocimiento sobre nosotros mismos, pareciera que “los enemigos” sean también mas grandes.

Es como si fuéramos pasando por diferentes niveles en este vídeo juego que es la Vida. Ahora toca vernos también dentro de los diferentes sistemas o campos a los que pertenecemos. Y si pertenecemos a todos estos sistemas ¿para qué estar en conflicto con alguno de ellos? ¿Podemos separar nuestra conciencia de Hiroshima y Nagasaki? ¿Separarnos de nuestros ancestros? ¿Se puede realmente decir que nosotros no pertenecemos al país que sufrió una Guerra Civil en los años 30 del siglo pasado?

Todos esos son nuestros campos, nuestros sistemas. Rupert Sheladrake “observó que un campo sólo puede modificarse cuando un impulso externo lo pone en movimiento. Ese impulso es mental.

Al comienzo el campo se defiende ante esa comprensión e intenta sofocarla. Pero si una cantidad suficiente de sus miembros quedan convencidos y aceptan la nueva comprensión, también el campo -como un todo- comienza a moverse. Puede abrirse a nuevas compresiones. Puede dejar atrás algo superado y actuar de otra manera.” (Bert Hellinger, Después del conflicto, la paz)

Y, para finalizar, a mi entender, ampliar la conciencia significa dejar de identificarnos con una conciencia individual, familiar, social, nacional, y subir de nivel para  podernos identificar con todas la conciencias que existen a nuestro alrededor.

Cuando asisto al alguna formación o taller, mi mente se ha expandido, gracias al amor, y me encuentro rodeado de gente bella, de personas amorosas. Cuando todos lleguemos a ese estado, creceremos y quizá ese deseo de aniquilar desaparecerá, que no el conflicto.

En suma, menos exclusión y más inclusión. Más aceptación del otro y de mi mismo en todos los campos y sistemas.

*** IMAGINE

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir