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title: "Educación Emocional para Padres y Profesionales."
description: "Educación Emocional para Padres y Profesionales. El otro día, estando en el parque con mis hijos, presencié una escena muy cotidiana. De repente, un niño que estaba jugando con la arena, entró..."
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date: 2013-09-23
modified: 2020-11-30
author: "Luis Dorrego"
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categories: ["Desarrollo Personal"]
type: post
lang: es
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# Educación Emocional para Padres y Profesionales.

## Educación Emocional para Padres y Profesionales.

El otro día, estando en el parque con mis hijos, presencié una escena muy cotidiana.

De repente, un niño que estaba jugando con la arena, entró en cólera, llorando y pataleando porque otro niño le acababa de quitar su cubo lleno de arena. La madre, apresuradamente, se acercó a su hijo y le exclamó. “¡No te pongas así! ¡Debes aprender a compartir!”.

A su vez, el padre del otro niño le dijo a su hijo: “¡Devuelve el juguete ahora mismo! ¡No es tuyo!”.

Qué situación tan habitual….

[!(https://luisdorrego.com/wp-content/uploads/2013/09/Educacion-Emocional-2-copia1.jpg)](https://luisdorrego.com/wp-content/uploads/2013/09/Educacion-Emocional-2-copia1.jpg)
Educación Emocional para Padres y Profesionales

### ¿Qué les estamos enseñando a nuestros niños?

Posiblemente  les estemos diciendo: “¡No te enfades!”  “¡No sientas lo que sientes!”

Con la mejor de nuestras intenciones y para evitar su sufrimiento,  cuando, en realidad, no le estamos permitiendo experimentar su enfado, su ira.

¿Y qué ocurre cuando nuestro hijo siente celos o envidia?, o ¿cuándo se pone triste porque su globo se ha volado o su juguete preferido se ha roto?

Rápidamente intentamos distraerle con algo para así evitarle la pena o la angustia…

Así es, desde pequeños nos enseñan que existen emociones buenas, como la alegría y otras no tan buenas, como la tristeza o el enfado.

### Y nos enseñan a reprimir estas últimas, a no sentirlas…. para no sufrir…

Pero, al intentar proteger a nuestros hijos de ciertas emociones, en realidad, les impedimos que descubran qué pensamientos les han llevado a experimentar esas emociones. Y sólo, a través de la gestión de sus pensamientos tendrán la oportunidad de decidir libremente si quieren mejorarlos o no.

Los niños necesitan sentirse tristes, ansiosos, enfadados y envidiosos. Y nuestro papel como padres es acompañarles mientras sienten esas emociones.

Nuestra educación, como ya hemos dicho desde este blog, ha sido represora en lo corporal y en lo emocional como forma de expresión, de comunicación y  se ha conseguido primando la mente por encima de las otras, ¡como si fuera una lucha! ¡Como si hubiera que ganar algo!

Y nos metimos en esta guerra sin darnos cuenta que nosotros somos un todo y que no hay división alguna en nuestra comunicación.

Todo ello nos condujo a una realidad donde no aceptamos nuestras propias emociones y no las queremos, o no podemos, verlas en nuestros hijos.

Los adultos solemos justificar lo que sentimos, es decir, lo racionalizamos, posiblemente para sentirlo menos. Así, escondemos nuestros enfados o nuestros miedos, porque no está «bien visto» hablar de lo que sentimos.

Entonces hablamos de «estrés o de agobios», o de «la coyuntura» o de «lo mal que están los demás», justificando así nuestro alejamiento emocional.

## Muchas veces «pensamos lo que sentimos» y pocas «sentimos lo que sentimos». Y así posiblemente estemos educando…

En el parque, el otro día, un niño de cinco años molestó a otro de dos y este se echó a llorar. El niño mayor le gritó, riéndose: «¡Lloras como una niña, como una niña….!» Al cabo de media hora, escuché a un padre gritar a su hijo: «¡Te pasas el día llorando, nenaza!». Esto no es una exageración, ni algo de otras épocas, sucedió en Madrid en el Verano de 2013.

Con este taller queremos contribuir a alejarnos cada vez más de estas y otras situaciones que se repiten día a día, a nuestro alrededor, y en nosotros mismos.

Y en este taller no damos recetas mágicas…porque no las conocemos…

Vamos aprendiendo día tras día gracias a nuestros hijos, gracias a nuestras equivocaciones. Gracias a los participantes.

Y también tenemos claras dos cosas. La primera es que nuestros hijos aprenden por imitación. A todos nos preocupa que nuestros hijos aprendan a relacionarse pero ¿cómo nos relacionamos nosotros con ellos? ¿y con los demás?

Y la segunda es que las emociones forman parte importante en nuestra vida y como tal, desde muy pequeños las compartimos con ellos y así les acostumbramos a que ellos compartan las suyas.

[![* Educacion Emocional 3 copia](https://luisdorrego.com/wp-content/uploads/2013/09/Educacion-Emocional-3-copia-300x200.jpg)](https://luisdorrego.com/wp-content/uploads/2013/09/Educacion-Emocional-3-copia.jpg)
Educación Emocional

### Un día atrás sucedió esto no muy lejos de aquí:

U*n padre se enfadó mucho con su hijo de dos años, le pegó un grito y el niño se asustó mucho. El padre, al darse cuenta, quiso rectificar, bajo el tono e voz y se puso a su altura, pero el niño estaba llorando tanto que ni se dio cuenta del cambio. *

*Después de unos minutos, el niño se calmó y el padre también. Este, realmente, ya tenia la mente en otras cosas, de tan rápido que van los pensamientos. *

*Entonces se levantó y al pasar al lado de la sillita del niño, este le agarró por la cintura fuertemente, como solo un niño pequeño de esa edad puede hacerlo, y le preguntó sin mirarle:*

*– Papá, ¿te enfadas?*

*– No, hijo mío, contestó el padre.*

*Y el niño, siguió la conversación, así sujeto a su padre:*

*– Papá, ¿te enfadas?*

*– Que no, hijo.*

*– Papá, ¿te enfadas mucho?*

*El padre hizo una pausa y recapacitó:*

*– Sí, hijo mío, me enfado mucho, pero ahora no estoy enfadado, estoy contento.*

*El niño contuvo la respiración y dijo:*

*– ¿Me quieres?*

*– Si, hijo, yo te quiero… Y cuando me enfado…te quiero.*

*El niño volvió la cara y, sin soltarse, le dio un beso. El padre prosiguió:*

*– Cuando me enfado, te quiero y cuando me enfado mucho, te quiero mucho y cuando me enfado muchísimo, te quiero muchísimo.*

*El niño seguía abrazado a su padre sin aflojar un poco. Y el padre concluyó:*

*– Y cuando te digo «no», es cuando más te quiero. Siempre te quiero.*

*El niño volvió la carita hacia su padre, le miró brevemente y le dijo:*

*– ¿Jugamos, papá?*

*Y le bajó de la silla y jugaron.*

 
